domingo, julio 21, 2024
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Los huracanes alimentan la pobreza climática – Caribbean News Global


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Por Liam Miller

[Earlier this week]El huracán Beryl tocó tierra oficialmente en el Caribe oriental. Hasta el momento, la tormenta de categoría 5 ha devastado las islas del Caribe oriental y ha causado varias muertes. Dada la fuerza sin precedentes del huracán Beryl y su llegada en el momento más temprano de la temporada de huracanes del Atlántico, muchas personas en el Caribe, especialmente los bahameños, temen por el futuro.

Para los bahameños, los huracanes son un potente recordatorio de nuestra resiliencia ante la adversidad, un testimonio de nuestra fuerza y ​​determinación. Subrayan que el cambio climático no es sólo un problema ambiental, sino un profundo desafío socioeconómico que expone la pobreza climática, un desafío que estamos dispuestos a afrontar.

A escala macroeconómica, el huracán Dorian causó daños por más de 3.000 millones de dólares, equivalentes a una cuarta parte del PIB de las Bahamas. Sin embargo, el impacto a nivel microeconómico fue igualmente devastador. Se destruyeron viviendas y las comunidades marginadas, como las que viven en zonas como The Mudd en Abaco, fueron las que más sufrieron. Estas comunidades carecían de la infraestructura adecuada para resistir los huracanes y de los recursos financieros necesarios para reubicarse y reconstruir sus propiedades.

Los huracanes también afectan los bolsillos de los bahameños y amenazan con empujar a más personas a la pobreza. A menudo, las viviendas no tienen seguro o tienen un seguro insuficiente, lo que deja a las familias en la ruina financiera. La pobreza climática, una condición en la que las personas carecen de los recursos para combatir los efectos adversos del cambio climático, no se debe únicamente a los niveles de ingresos, sino también a barreras sistémicas como los ahorros limitados y la infraestructura inadecuada.

Las secuelas de huracanes como Dorian también nos obligan a enfrentar la realidad de la migración climática. En la última década, se ha producido una notable migración desde las islas Family hacia New Providence, impulsada por la creciente frecuencia y gravedad de los huracanes. Esta migración subraya la interseccionalidad entre los huracanes y la pobreza climática, y pone de relieve que el cambio climático es tanto una preocupación socioeconómica como ambiental.

Los economistas Esther Duflo y Abhijit Banerjee han teorizado sobre la “trampa de la pobreza”, un ciclo en el que las personas permanecen empobrecidas debido a barreras sistémicas. En el contexto de las Bahamas, esta trampa de la pobreza incluye huracanes continuos, que despojan a las personas de los recursos limitados que tienen. Los impactos desproporcionados del huracán Katrina en las comunidades afroamericanas de Luisiana sirven como un paralelo histórico a los desafíos que enfrentan las comunidades marginadas en las Bahamas hoy. Esta teoría subraya la necesidad urgente de un cambio sistémico para abordar los impactos socioeconómicos del cambio climático en las Bahamas.

Los residentes de zonas propensas a inundaciones, como Pinewood y Fox Hill, son especialmente vulnerables, ya que sus viviendas corren un alto riesgo de ser destruidas. Los huracanes provocan daños a la infraestructura y costos económicos significativos, que frenan el crecimiento económico y provocan pérdidas de empleo.

Si bien muchos bahameños pueden permitirse comprar alimentos, agua y otros suministros suficientes para hacer frente a un huracán, esta conversación es un lujo para muchos otros. La desaceleración del crecimiento económico a causa de los daños causados ​​por los huracanes puede provocar pérdidas de empleo y una mayor inestabilidad financiera para las poblaciones vulnerables.

La Ley de Gestión del Riesgo de Desastres de 2022, un paso legislativo importante para abordar la pobreza climática, otorga al gobierno de las Bahamas la autoridad para establecer marcos legales, institucionales y regulatorios para la gestión del riesgo de desastres. La implementación de medidas proactivas, como códigos de construcción y regulaciones de zonificación sólidos, que garanticen que las viviendas y los edificios en comunidades propensas a inundaciones sean a prueba de tormentas, es un paso crucial. Estas medidas brindan tranquilidad y confianza en las acciones del gobierno. Además, los ensayos controlados aleatorios (ECA) pueden ayudar a comparar los resultados de las iniciativas de adaptación y mitigación del riesgo de desastres en comunidades propensas a huracanes.

Las medidas reactivas deberían incluir el fortalecimiento de los programas de transferencias monetarias condicionales que brinden apoyo financiero inmediato a las familias más afectadas por los huracanes. Junto con el Programa de Garantía de Ayuda de Emergencia (ERGP, por sus siglas en inglés) existente, que brinda apoyo financiero de emergencia a las personas y empresas afectadas por desastres, los responsables de las políticas deben establecer una entidad dedicada a los seguros contra riesgos de desastres. Esta entidad aseguradora, separada de la Junta Nacional de Seguros (NIB, por sus siglas en inglés), cubriría los daños a las personas y empresas mediante la construcción resiliente proactiva y el apoyo financiero de emergencia reactivo adicional.

Para abordar la pobreza climática es necesario reconocer que los huracanes y otros desastres relacionados con el clima no son solo fenómenos naturales, sino también importantes perturbadores socioeconómicos. Si aplicamos medidas proactivas y reactivas, podremos proteger mejor a nuestras comunidades más vulnerables y construir unas Bahamas más resilientes frente al cambio climático.



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